“2.000 voltios” es una demostración de la capacidad creadora del ser humano.
Una discusión entre tecnología creadora y tecnología aniquiladora.
El espectador, en un principio, cree estar asistiendo a una manifestación creadora más.
Pero al sentarse, activará la silla y tendrá el privilegio de ser testigo de su propia ejecución.
Una máquina le habrá ayudado a recordar que sigue vivo.